viernes, 10 de junio de 2011

improbable, no imposible

La Real Academia define la palabra imposible como :“algo que no tiene facultad ni medios para llegar a ser o suceder”, y define improbable como : “algo inverosímil que no se funda en una razón prudente”.

Puestos a escoger a mí me gusta más la improbabilidad que la imposibilidad. Como a todo el mundo, supongo. La improbabilidad duele menosos y deja un resquicio a la esperanza, a la épica.

- Que David ganara a Goliat era improbable, pero sucedió.

- Uno afroamericano habitando la Casa Blanca era improbable, pero sucedió.

- Que los Varón Rojo volvieran a tocar juntos era improbable, pero también sucedió.

- Nadal desbancando del número uno a Federer.


- Una periodista convertida en princesa.

- El 12-1 contra Malta.

El amor, las relaciones, los sentimientos… no se fundan en una razón prudente. Por eso no me gusta hablar de amores imposibles , sino de amores improbables. Porque lo improbable es, por definición, probable.

Lo que es casi seguro que no pase es que puede pasar. Y mientras haya una posibilidad, media posibilidad entre mil millones de que pase,
vale la pena intentarlo.
 

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